El reloj del móvil dio tres vueltas completas, y el latte se enfrió sin rencores. Ella miró la calle como quien ve una película y, al final, se regaló un pastel. En su libreta anotó: a veces la lluvia limpia expectativas, deja espacio para decisiones nuevas, y sorprende con serenidad luminosa.
Planeaba museos y fotos al sol, pero el chaparrón lo detuvo en una cafetería mínima. Terminó conversando con vecinos, aprendió el nombre del pan del día y un atajo sin mapas. Cuando escampó, llevaba menos prisa y más pertenencia, como si el agua lo hubiera iniciado en la geografía emocional del lugar.
All Rights Reserved.